viernes, 9 de agosto de 2013

7. Nueva casa

-Mel... Melanie...
Una voz resonaba en mi cabeza. Pero no era en mi cabeza, era de mi hermana.
-Ey, Mel, ya hemos aterrizado -dijo mi hermana sacudiendome de un lado a otro con el fin de despertarme.
-¿Qué pasa, Lola? -pregunté aclarando la vista con los nudillos.
-Digo que ya hemos aterrizado.
-¿Ya? Que rápido se me ha pasado...
-¡Claro! Por que te has pasado todo el viaje roncando.
-Yo no ronco... ¡Papá! ¡A que no ronco!
-Claro que no cielo.
-¿Ves? -dije dirigiendome a mi hermana.
-Era por si colaba.
Me levanté del asiento con la intención de salir de aquel avión, pero choqué con un chico por el pasillo.
-Oye, mira por donde vas.
-Perdona guapa.
-Lo de guapa sobra.
-¡Que va!
Lo miré de arriba abajo. ¡Estaba buenísimo! Pero seguramente no volveríamos a vernos. Cuando estaba dispuesta a salir, noté que me agarraba del brazo y tiraba de mí hacia atrás.
-Eh hermosa, ¿que formas son esas de despedirse?
-Las que me enseñaron en casa.
Me agarró de los brazos y me empujó contra la puerta del baño. Me ojeó de arriba abajo.
-Mm...
-¿Qué pasa? -pregunté confusa.
-Naaadaaa...
Se me pegó como una lapa y me besó el cuello. No digo que esa sensación no me gustara, pero tenía prisa, así que en un acto reflejo, lo empujé y me dirijí a la puerta.
-Chica difícil, ¿eh? Me gusta.
-Así soy yo.
Acabé la frase guiñándole un ojo y salí bajando aquellas escaleras. Sí, me había gustado. ¿Es raro? Sí. ¿Tendría que arrepentirme de querer haberme quedado allí? Para nada.
El taxi aparcó delante de un gran edificio. Parecía reciente, ya que tenía un aspecto moderno y todos los pisos estaban en venta.
Subimos en ascensor al ático. La palabra "ático" me recordaba a un trastero, una buardilla, pero no. Estaba completamente equivocada. Entramos en un precioso piso dúplex. En la entrada había una cómoda y un espejo. Al lado de la puerta, un paragüero y una percha para sombreros y chaquetas. Mas adelante, una puerta nos conducía a un enorme salón, con un mini-bar a la derecha. Una pantalla de plasma ocupaba la pared y delante, un gran sofá. Volvimos al pasillo.
Otra puerta llevaba a la cocina. Había una nevera, un fregadero en una esquina, una ventana que llevaba a un pequeño balcón, una mesa con 4 sillas y un montón de armarios.
Salimos. También llevaba a un baño pequeño, ya que el grande estaba en el piso de arriba.
Subimos las escaleras, con la agente inmobiliaria en cabeza. Nos enseño 3 dormitorios, dos baños, la sala de la lavadora y secadora, con una ventana que llevaba a un tendedero, un despacho para papá y finalmente, una sala de proyeccion, para ver la tele o pelis.
Estaba flipando. ESE PISO ERA ESTUPENDO. Pero papá decía que no le gustaba mucho. Empezó a decir defectos, pero al final entendí que sólo quería regatear.
Nos lo quedamos. Papá fue a las oficinas centrales para que le dieran la escritura, llaves y todo eso.
Yo me había quedado en casa ayudando a Lola a desempaquetar la mudanza. Al acabar estábamos exhaustas. Bebimos un vasito de agua y casi atragantándose, Lola tuvo una ocurrencia.
-¿Y si damos una vuelta para buscar un parque?
-Tendría que llamar a papá para preguntarle.
-Pues llamaaaa.
-Valee -sonreí y llamé a mi padre- ¿Papá? Llamaba para preguntarte si Lola y yo podríamos ir al parque... No sé, el que encontremos... Sí, papá, me sé la dirección... ¿No confías en mí? ¡Que ya tengo 15 años!... ¡¡Gracias!! Chao...
-¿Y bien?
-Claro que podemos peque.
-¡¡Que chupi!!
Sonreí al ver el entusiasmo de mi hermanita y salimos a la calle.
Caminamos unos 10 minutos y encontramos uno. Estaba al otro lado de la entrada del edificio, pero como no lo sabíamos, dimos toda la vuelta a la calle.
No me apetecía mucho jugar, así que dejé a Lola en los columpios, y en poco rato aparecieron unas niñas también de 5 años con unas Barbies y se acercaron a jugar con ella. Yo me senté en un banco a jugar con el móvil, cuando una persona me levantó la barbilla haciendome levantar la mirada del móvil y fijarme en la suya.

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