domingo, 18 de agosto de 2013

16. ¿Estamos saliendo?

-Hola... Papá.
-En el instituto me llamas señor director. ¿Está claro?
-Vale.
-¿El director es tu padre? -le dije susurrando a Marcos.
-Sí.
-Llegan tarde. Están castigados todo el día sin venir a clase.
-Pero...
-Ni pero ni nada -dijo interrumpiéndome-

Salimos de allí a toda prisa. No me apetecía que ese señor tan desagradable me riñera más.
-¡Genial! Todo el día sin clase -dije sarcástica.
-Tranqui, no pasa nada.
-¿Qué le digo a mi padre? "Papá, que llego pronto porque he estado liándome con un chico y el director me ha echado por llegar tarde".
-No, joder. No vayas a casa y punto.
-¿Y que hago? No quiero aburrirme.
-Yo tengo ideas... -dijo con una sonrisita mirándome el escote.
-¡Ey! -le di un guantazo en la cara.
-¡Vale! Perdona.

Dimos un paseo por el centro comercial, comimos un helado, y tal  y tal. A esa hora la calle se llenaba de gente. Ibamos caminándo, riéndome de las tonterías que decía. Levanté la mirada para ver el reloj que había en una pared, pero vi a mi padre mirando un escaparate a pocos metros de mí.
-Mierda... -susurré para mis adentros.
-¿Qué pasa?
-Está ahí mi padre -me agaché un poco y me metí en un baño.
-¿Y qué más da que estea aquí? -dijo pegado a la puerta del baño.
-No quiero que me riña. Avísame cuando se haya ido -respondí susurrándole.
-Vale.

Oí sus pasos alejarse y luego volvió.
-Ya no está.
-Fiuf -suspiré aliviada. Salí del baño y estaba Marcos en frente mía. Muy cerca-. ¿Va-vamos?
-¿Por qué tartamudeas? -dijo sonriendo levantándome la barbilla.
-Yo no tartamudeo -sentí cómo se me encendían toda la cara.
-Claro que sí -me agarró de la cintura y me dio la vuelta juntándo su pecho con mi espalda- pero si te has sonrojado -dijo susurrándome al oído.
-¡Qué va! -me intenté alejar un poco pero no me dejó- Venga. ¿Nos vamos?
-Vale, lo que la niña diga -dijo soltándome.

Sonreí al verme en libertad y salí del baño. Noté como caminaba detrás de mí, su aliento en mi nuca. Estaba todo lleno, así que se pegaba mucho a mí.

Pasamos por un montón de tiendas. ¡Qué pasada de ropa! ¡Era chulísima! ¡En una había unos vestidos... Dios!
-¡Vamos! -le dije cogiéndole la mano y tirándo de él hacia una tienda.

¡Cuánta ropa! ¡Qué pasada! Estaba flipando.
-¡Madre mía! -vi un vestido precioso, y no muy caro.

Era verde esmeralda claro, como mis ojos, con lentejuelas alrededor del escote. No tenía tirantes ni mangas, pero un escote bastante grande. No muy corto, pero no me llegaba a las rodillas. Sinceramente, era el mejor vestido que había visto en mi vida, y me lo tenía que probar. Lo cogí y me lo llevé al probador. Estuve un ratito, pero al final salí. Me iba como un guante. Aparté la cortina y Marcos estaba sentado enfrente en una silla chateando. Levantó la mirada y los ojos se le quedaron como platos.
-¡Joder! O sea... -se aclaró un poco la voz.
-¿Qué tal? -dije dándome una vuelta.
-Impresionante -esa palabra me hizo sonrojarme.
-Anda ya... -me miré al espejo. Me quedaba bastante bien, la verdad.
-Buah -susurró mordiéndose el labio.
-¿Te gusta?
-Me encanta.
-Pues... Me lo quedo.

Me di la vuelta para meterme de nuevo en el probador, me cambié y salí con el vestido en la mano. Fui a pagarlo y salimos de la tienda. Ibamos caminando, cuando Marcos me detuvo agarrándome del brazo y tirándo de mí.
-¿Qué pasa? -pregunté mirándole a los ojos.
-Quería hacerte una preguntita...
-Dime.
-¿Entonces ahora... Estamos saliendo?

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