miércoles, 7 de agosto de 2013

5. La despedida

Tenía sospechas de quién sería el asesino, pero prefería mantenerlo en secreto por temor a que un inocente fuera a la cárcel. ¿Por que matar a un ser tan cariñoso y simpático como mi madre? ¿Qué habría hecho tan horrible como para merecerse semejante muerte? Lo seguro era que ese señor, o señora, no tiene nada que perder.
-Hola Mel, hola Ali -entró mi hermana por la puerta.
-Hola Lola -dijimos las dos a la vez.
-¿Qué hacéis?
-Nada, aquí hablando de... -le tapé la boca a Ali.
-De... Ir al cine.
-Ah vale, era por si os apetecía ir al parque..
Miré a Lola con pena y luego a Ali haciendo un gesto con la cabeza como diciendo "¿Vamos?". Asintió.
-Venga, vale.
-¡¡Genial!! Pues vamos ya, que luego se llena de críos.
Nos reímos al oírlo. ELLA es una cría.
-Vale.

Fuimos al parque. Por no dejar a Lola sola jugamos con ella en el tobogán, los columpios, la pared rocódromo... Para que se divirtiera también con nosotras. Ali ya estaba acostumbrada a jugar con ella.

A las 7 de la tarde, estabamos jugando las tres al pilla-pilla, cuando mi padre llegó en el coche con las maletas en la baca y un camión de mudanzas detrás.
-Venga chicas. Tenemos que estar el aeropuerto en 1 hora.
-Porfa papi, déjanos acabar de jugaar -le dijo Lola poniendo su cara de "conseguir un sí".
-No, Lola. Hoy no.
-Pero, papi...
-¡¡¡He dicho que no, y es que no!!! -cerró los ojos y respiró profundamente- Venga, despediros de Ali y subid al coche.
Me giré hacia Ali y en nuestros ojos nacían lágrimas.
-¡¡Ali!! -grité abrazándola y llorando- ¡¡Te echaré de menos mi gominola!!
-¡¡Mel!! -gritaba ella llorando a moco tendido- ¡¡Porfa, ven a visitarme todos los findes!!
Las dos sabíamos que yo no podía cruzar el país de arriba a abajo todos los fines de semana.
Le agarré la cara con las manos y la miré a los ojos, a esos ojos azules llenos de lágrimas.
-Te prometo hablar contigo todos los findes por videollamada en Skype -dije sonriendo.
Una sonrisa afloró en su cara. Asintió y me abrazó de nuevo, tan fuerte, que me dejó sin respiración.
Entré en el coche y me fui despidiendome de mi mejor amiga.
Pasamos por delante de mi casa. Las luces estaban encendidas y la puerta abierta.
-Papá. Hay alguien en casa.
-Son los nuevos inquilinos, cariño -sonrió forzadamente. -Podeis bajar la cabeza para... ¿Mirar qué hay en el suelo del coche?
Lo hicimos, no había nada. Miré a mi padre. Se estaba tapando la cara.
-Papá, ¿qué haces? -Pregunté confusa.
-Es que... El sol me da en la cara...
-Pero si hay nubes.
-¿Ah si? Pues antes si que hacía sol.
-Ams... Pos vale...
Me estaba mintiendo, lo sabía. ¿Estaría el asesito ahí dentro? ¿Sería por eso por lo que mi padre estaba tan alterado en el parque?

Desde que nos metimos en el coche, un Toyota gris nos estaba siguiendo, en cada curva, cada Stop, cada semáforo. Miré hacia atrás. No pude distinguir ninguna figura, estaba muy lejos.

Paramos en una gasolinera. El Toyota también paró. No me atrevía a bajar. Mi padre bajó a pagar la gasolina dentro de la tienda de allí. El señor del coche rojo bajó. No conseguí verle el rostro. Entró, se acercó a mi padre y le dio algo...

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