Yo: No quiero nada contigo, ¡joder!
Marcos: Pues en mates no tenías la misma opinión.
Yo: No sé lo que me ha pasado...
Marcos: Pues que estas colada por mí.
Yo: Ni en tus sueños, monada.
Dicho esto, me fui a cenar. Al acabar, subí a mi cuarto. Me puse el pijama y me dormí al momento de meterme en la cama.
~SUEÑO~
Estoy en nuestra nueva casa. Fiesta de inauguración. Todos lo pasan bien, pero llaman al timbre. Abro y es mi madre con las heridas aún en el abdomen.
-Me has olvidado. ¿Qué te ha pasado, Melanie? Antes no eras así. Pensé que me querías, hija.
~FIN DE SUEÑO~
Me desperté asustada. Estaba sudando un montón.
-Mamá... Yo... Te quiero... -varias lágrimas corrían por mis mejillas y caían en las sábanas de la cama.
No podía dormir. Eran las 04:30 de la mañana. Le dije "Hola" a Ali unas 10 veces a ver si me contestaba, y al final lo hizo.
Estuvimos hablando hasta las 6, cuando se le acabó la batería. Yo me dí una ducha y me preparé para ir al insti. Cuando llegó la hora de desayunar, me preparé unas tostadas y un gran tazón de leche con Colacao.
Las 8:30. Una hora estupenda para ir hacia el instituto. Cogí la mochila y la subí a un hombro. Me despedí de mi padre y de Lola y me encaminé hacia allí.
De nuevo, me encontré con Marcos. Me paró y me cogió de la cintura. Eso me gustaba, pero no estaba de humor.
-¿Que pasa? ¿La niña pija está enfadada?
Me dio un beso, pero como no me apetecía tener ningún contacto con él, le mordí la lengua y le empujé contra una farola.
Marcos se quejó. Me miró con cara de "esta me la pagas".
-Frena, fiera.
-No estoy de humor, ¿vale?
-¡Bueno! Lo que la niña diga.
Dicho esto me dirigí hacia el insti. Al llegar, no paraba de pensar en mi sueño. Aún faltaban 20 minutos. Subí las escaleras para ir a mi taquilla. Busqué la llave en la mochila. Busqué en todos los bolsillos, pero no la encontraba. Rebusqué e los bolsillos de la chaqueta y nada. Tenía una frustración inmensa en mi interior y tenía que pagarla con algo. Miré fijamente la taquilla y le di un fuerte puñetazo, del cual me arrepentí ya que me hice daño en la mano. Apoyé mi cabeza en ella y noté como de mis ojos llovían nuevas lágrimas.
-Oye. Como sigas así la vas a romper -una dulce voz se acercaba a mí.
Era una chica un poco más baja que yo, rubia con mechas castañas y ojos azules oscuros. Se acercó a mí con una sonrisa, pero se le borró de la cara al verme llorar. Se apresuró mucho más a mí.
-¡Ey! ¿Qué te pasa?
-Nada... -me tapé la cara con las manos y me senté en el suelo- ¿Quién eres?
-La que te va a consolar. ¿Por qué no bajamos a la cafetería y me lo cuentas todo?
Levanté un poco la mirada y su sonrisa me dio confianza para cogerle la mano y levantarme del suelo. Bajamos las escaleras a paso ligero.
-¿Cómo te llamas?
-Christine. Me puedes llamar Chris. ¿Y tú?
-Yo Melanie, pero me puedes llamar Mel.
Llegamos a la cafetería, ella pidió una CocaCola, pero a mí no me apetecía nada. Nos sentamos en una mesa, una enfrente de la otra.
-A ver, cuéntame.
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